¿Dónde están los recursos que faltan?

El Gobierno Provincial aplica una ley regresiva que concentra de forma unitaria la gran mayoría de los recursos que recibe del Estado Nacional.

Los riojanos hemos peleado desde siempre por el federalismo, alzando la bandera de una justa distribución de los recursos nacionales que nos permitan desarrollar nuestra provincia. Sin embargo, en nuestra casa se practica todo lo contrario, el Gobierno Provincial aplica una ley regresiva que concentra de forma unitaria la gran mayoría de los recursos que recibe del Estado Nacional.
Basta con decir que antes del dictado de la ley, la provincia distribuía el 19,4% de los recursos de coparticipación neta que recibía, y eso se hacía mediante acuerdo financieros particulares entre cada municipio. A partir de la aplicación de la Ley 97 82, la Provincia distribuye al conjunto de los municipios tan solo el 9,6 % de los recursos que recibe en concepto de coparticipación neta. Hemos retrocedido de manera escandalosa.
Para traducir en hechos materiales lo que podríamos hacer si hubiésemos recibido lo que corresponde, solo en este primer cuatrimestre. Podríamos haber reconvertido a LED las 26000 luminarias de la ciudad, o haber asfaltado 17 cuadras por mes. En ocho meses, podríamos renovar nuestro parque automotor, o comprar 4 motoniveladoras, o una pala cargadora, 8 camiones, 30 camionetas y un camión para levantar contenedores, imagínense cómo se optimizarían los servicios que prestamos a nuestros vecinos y vecinas.
En definitiva, queremos que se haga justicia con los vecinos de la ciudad capital, para que podamos tener el nivel de inversión y de servicios a la altura de una capital de provincia. La autonomía financiera está directamente ligada a la autonomía política, es decir, el derecho que tienen los vecinos de la ciudad para decidir qué ciudad quieren, que futuro quieren para sus hijos.
No es la bandera de una gestión, tampoco de un partido político, es la bandera de una ciudad que quiere crecer y proyectarse.

No es la bandera de una gestión, tampoco de un partido político, es la bandera de una ciudad que quiere crecer y proyectarse.

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